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Anuario fotografico 2018
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Un año, como una fotografía, no es más que un banco de calma en la vorágine del tiempo. Es el instante de pensarnos a través de los colores y las formas, de las sombras y las texturas que dibuja el lente. El anuario de APA! nos suma a repasarnos de manera colectiva, a través de la mirada de los fotógrafos más comprometidos de la época.
El 2018 quedará estampado en rojo sangre en nuestras retinas. Tucumán, la provincia más pequeña del país, fue una de la que más mujeres perdió en proporción a la cantidad de habitantes por la violencia machista. Las 17 muertas dejaron, además de un tendal de huérfanos y familias destruidas, una marea imparable de lucha contra instituciones perezosas -cuando no cómplices- que miran a los femicidios como una estadística más. No había antes de este año, ni hay ahora, refugios, presupuesto ni políticas concretas de rescate de mujeres de las garras de la violencia misógina. 
Rosa y celeste, multicolor fue el 18 en nuestros pagos, que sumó dos víctimas trans a la locura del odio de género. Mientras Tucumán lloraba a Ayelén Gómez, el cuerpo destrozado de Cynthia Moreira aparecía en bolsas en una casa abandonada y Lourdes Reinoso moría acuchillada en Río Nío. Natasha Banegas sobrevivía a una furiosa balacera en pleno centro y Lucas Gargiulo, a una brutal violación en banda en la zona del casino. Mientras las y los travestis, al grito de justicia, copaban las plazas y las llenaban de color; la oscura Legislatura de Tucumán se negaba, sin explicación alguna, a tratar siquiera el proyecto de cupo laboral trans. 
Verde fueron las plazas, las calles, las casas de las que, en 2018, multiplicaron su voz por el derecho pleno de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos. Que no nos mate el violento y no nos mate el Estado, empujándonos a cuevas inmundas en lugar de hospitales, donde se paga con la vida el atrevimiento a elegir sobre nuestra maternidad. Tucumán, conocida internacionalmente por el escándalo de Belén, presa por abortar; se preparaba para sacudir de nuevo las conciencias con el caso Lucía, la niña de 11 años abusada que, en 2019, nos pondría de nuevo en los titulares de la prensa mundial. 
De azul se tiñeron los pasillos de Tribunales este año, con el desfilar incesante de policías detenidos por el crimen de Paulina Lebbos. Uniformados que iban a mentir al tribunal, que callaban u ocultaban una verdad que, ya terminado el año, terminó de salir a la luz: fueron las más altas autoridades de seguridad de la Provincia quienes encubrieron al asesino. El juicio que terminó condenándolos marcó un quiebre en la historia de impunidad de la Provincia, que se vanagloria de archivar sin más trámites las causas contra el Gobierno. Azules están los calabozos y el pabellón de Villa Urquiza, rojo el banco que recuerda a Paulina frente a Tribunales, negro mugre la deuda de la Justicia con el resto de las causas contra el poder. 
Esta recorrida visual está atravesada de derrumbes y de resistencias, de batallas históricas ganadas y de otras que empujan la victoria desde abajo; de goles, de pasiones, de sobrevivientes y despojos. De verdades empecinadas asomando de lo oscuro, reveladas con potencia a color o en blanco y negro, como si soñaran. De instantes que hemos visto todos y no ha querido mirado nadie; de la cosa de todos los días que, a veces, florece ante nuestros ojos ajetreados y se nos pierde, se nos va. 
Y luego, claro, está el papel. En tiempos virtuales, de nubes inexplicables, de virales fugaces y memoria a corto plazo, cada una de estas fotografías tiene textura, aroma y va cambiando con el tiempo. Dentro de algunos años, estas páginas irán tornándose amarillas, tomarán el olor del tiempo y el ocre de lo viejo y, a pesar de todo ello, conservarán como un tesoro lo que nos pasó, lo que hicimos en aquella –esta- época, el legado que hemos dejado, la mirada que hemos construido, las luchas que todavía –todavía- no están ganadas y quizás mañana sí. Entonces, cuando el papel esté ajado pero la mirada intacta, quizás, podamos cerrar el proceso que hoy mismo comenzamos. El de pensarnos a nosotros, de manera colectiva. Pensarnos en el mundo. Y cambiarlo.
                                                                                                                                                                                                                     Mariana Romero

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